MI HISTORIA

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A los 15 años empecé a sentirme deprimida y sin ganas de vivir. Internamente estaba fragmentada porque arrastraba desde los 4 años una herida de mi niña interior, ya que sufrí un fuerte shock emocional, y exteriormente, en mi entorno familiar, había conflictos, enfermedad y desestructuración. Me  sentía como si no encajara en ningún sitio, no le encontraba el sentido a vivir y empecé a somatizar el dolor emocional, mental y espiritual en mi cuerpo físico: sufría malas digestiones, acidez, reflujo, hinchazón y dolor de estómago. Perdí el apetito, me sentía con menos dolor si no comía, y restringí la comida. Pero llegó un momento en el que dejé de comer y me negué a ingerir alimento. Para mi no comer era una adicción. Buscaba evadirme de la realidad, castigarme, hacerme daño, llamar la atención y controlar algo de mi vida. 

Me diagnosticaron anorexia nerviosa restrictiva. A los pocos días de cumplir los 16 años mi familia decidió ingresarme en un hospital psiquiátrico infantil especializado en trastornos de la conducta alimentaria porque los médicos les habían advertido que si seguía comiendo sólo una manzana al día me iba a morir muy pronto. Estuve entrando y saliendo del hospital porque no conseguía sanar mi relación con la comida ni dar un sí a la vida. Al ver que no podía seguir destruyéndome dejando de comer porque me ingresaban en el centro empecé a abusar de sustancias tóxicas. Sustituí la adicción a no comer por las drogas. Con ambas adicciones buscaba estar cerca de la muerte y evadirme de la realidad que no podía digerir, aceptar ni perdonar.

Empecé a encontrar un sentido a vivir de otra manera al ilusionarme por ir a vivir en Barcelona con unas amigas para estudiar la carrera universitaria de Comunicación Audiovisual. Pero por varios motivos, durante el segundo año de la carrera empecé a tener  crisis de ansiedad y ataques de pánico. Estaba tan desajustada que me daban 3 orfidals para dormir, rivotrils, trankimazins y diazepams.  Tuve que dejar el piso que compartía para vivir y dormir en la misma cama con mi madre, con quien tenía una fuerte codependencia, en un piso cerca de la Universidad. No podía desplazarme con transporte público, ni con taxis ni de ninguna manera que no fuera andando y sin alejarme mucho de donde estuviera mi madre.

Un día, en medio de la desesperación, encontré a una psicóloga y le pedí ayuda. Gracias a ella con el tiempo pude superar ese bache, entender lo que me había sucedido, coger el transporte público, dejar de dormir con mi madre, terminar la carrera y trabajar como ayudante de dirección en rodajes de cine, publicidad y televisión. El tratamiento con ella se alargó más de 10 años, interrumpido algunas veces por mi trabajo o por mi incapacidad de poder profundizar más en mis heridas. Conseguí vivir una vida que no era satisfactoria pero al menos no era tan autodestructiva, es decir, dejé todas las drogas definitivamente, hacía todas las comidas del día, tomé más conciencia de la codependencia con mi madre y tenía un trabajo que me gustaba. Pero por dentro seguía sintiéndome vacía, con un gran dolor al que no conseguía llegar y sanar, no aceptaba muchas cosas, no conseguía perdonar, mentalmente seguía teniendo pensamientos negativos en bucle, vivía desde el miedo, seguía creyendo que tenía la culpa de todo y sentía que me faltaba algo y que aún no estaba en paz. Además, seguía sin tener las menstruaciones, sufría malas digestiones, tenía ovarios poliquísticos, insomnio, disbiosis intestinal, candidiasis, fuertes intolerancias alimentarias, exceso de histamina, mal funcionamiento tiroidial y falta de apetito sexual.

En el año 2013 hice un viaje de 22 días con una amiga por Estados Unidos que marcó un antes y un después en mi vida. Allí tuve muchas conversaciones con mi amiga reveladoras, también pude romper creencias limitantes que tenía de mi misma y empecé a conectar con partes de mi que hasta ese momento no me estaba permitiendo sentir ni vivir. Al volver del viaje e intentar recuperar la normalidad me sentí vacía y viviendo una vida sin sentido. Empecé a cuestionármelo todo, a preguntarme “¿para qué?. Me planteé qué haría en mi vida en todos los sentidos si no tuviera miedo, y entendí que si fuera así lo cambiaría casi todo: me realizaría profesionalmente con otro trabajo que me permitiera ayudar a otras personas, recuperaría mi fuerza interior, me desapegaría de mi madre para dejar entrar otras cosas y personas en mi vida, y volvería a tener apetito y deseo por la comida, el sexo y la vida en general.

Decidí dejar de trabajar como ayudante de dirección en rodajes, me puse a trabajar en un restaurante vegetariano, iba a clases de cocina energética y empecé a estudiar para formarme como Health Coach en  el Institute for Integrative Nutrition de Nueva York, la escuela de nutrición más importante del mundo y la única que integra las diferentes teorías dietéticas. Mi vida dio un giro de 180º, en el que había un mantra de fondo: “Siente el miedo y hazlo igualmente”. 

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Durante los estudios empecé a tomar conciencia de cómo había maltratado mi cuerpo y las consecuencias emocionales, mentales y físicas que estaba sufriendo a raíz de esto. Y entonces, al iniciar el camino de recuperación física, mental y emocional, mi cuerpo empezó a despertar en todos los sentidos: sentía el cansancio acumulado de tantos años, la soledad no expresada, era más consciente de mis conflictos y limitaciones internas y, para colmo, recuperar las menstruaciones después de 15 años hizo desestabilizar mi sistema hormonal y empecé a tener muchos antojos, a comer de forma compulsiva y a tener muchísima ansiedad por la comida. ¿Cómo podía ser? ¡No entendía nada! Visité a médicos, volví a la psicóloga y, finalmente, me fui a hacer un retiro detox buscando que de esa manera pudiera recuperar mi energía y parar de una vez por todas los atracones de comida.

El hecho de hacer el retiro detox, iniciar el proceso de coaching de salud y nutrición con los estudios, conocer y aplicar la psicología positiva, el mindfulness, la alimentación saludable y, más tarde, ponerme en manos de una coach experta en inteligencia emocional, me ayudó a aprender a quererme, a liberarme del sentimiento de culpa constante, a vivir relajada y mucho más positiva, a estar de buen humor, a recuperar mi energía, a saber cómo alimentarme y sin antojos “raros”, a tener digestiones ligeras y a disfrutar de la comida como nunca antes lo había hecho.

Atestigüé como poco a poco los apegos y las dependencias iban cayendo y llegaba la manera de vivir desde la libertad y sin miedos. Luego, sin buscarlo, me vino el amor de un hombre, y de la mano de él conocí la herramienta de autoconocimiento más profunda y precisa que existe y que actualmente utilizo para entender(me), aceptar(me) y dejar(me) en paz: la astrología psicológica. 

Ahora disfruto compartiendo mi historia y experiencia para guiar, acompañar y dar esperanza a otras personas para que cojan las riendas de su vida y su salud, a través de programas online, la consulta, la formación anual, dando conferencias, escribiendo artículos relacionados con la salud holística y haciendo retiros puntuales.

Utilizo mis redes sociales (YoutubeFacebookInstagramTwitterPinterestGoogle+) para compartir recetas SEN, información sobre alimentación y un estilo de vida libre de culpa, adicciones y apegos y, en general, todo aquello que a mi me inspira y acompaña.

Soy autora de dos libros publicados con Ediciones Urano, Detox SEN para estar sanos por dentro y bellos por fuera y Desayunos SEN.

Para mi se trata de usar la alimentación como una herramienta más que te ayude en tu desarrollo espiritual y así vivir el Aquí y el Ahora, estar presente, soltar el pasado, vivir sin apegos ni adicciones, aceptar, perdonar, agradecer, creerte suficiente y merecedora, amarte, dejarte en paz, encontrar aquello que a ti te aporta bienestar, dar un sí a la vida desde el amor y dejar atrás los miedos. 

“¡Si yo he podido, TÚ también!”

Un fuerte abrazo,

Nuria

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