DESARROLLO PERSONAL

Inspiración para que conectes con tu esencia, (te) aceptes, (te)perdones, te ames y vivas desde el amor con paz interior.
2017-12-28T02:02:33+00:00 06 junio 2017|

Como comemos es un reflejo de nuestro interior

Durante muchos años de mi vida me sentí culpable por todo, que manifestaba preguntándome reiteradamente el “por qué” de cualquier cosa que me ocurría, pensaba, sentía, hacía, etcétera.

Recuerdo una vez en la consulta de mi psicóloga que a raíz de explicarle que a pesar de desear sanar mi relación con la comida había algo que me lo impedía. Ella me preguntó en ese momento: “Qué beneficios obtienes de seguir igual? Qué te aporta seguir con este comportamiento dañino?” Si te fijas, no me preguntaba el “porqué” lo hacía, sino el “para qué”, es decir, la finalidad.

Muy a menudo leo artículos donde se describen los motivos principales por los que tenemos ansiedad por comer y cómo evitarlo. Incluso yo misma he llegado a escribir sobre este tema clasificando causas y soluciones. Y lo hice para dar a conocer que el origen es multifactorial y bioindividual y, por lo tanto, también lo tienen que ser las soluciones. Pero después de reflexionar mucho sobre este tema gracias a haberlo vivido en mi propia piel y haber podido observarlo también en la mayoría de mis clientes, quiero profundizar más en ello y dar mi opinión al respecto.

Cómo nos relacionamos con la comida es cómo nos relacionamos con la vida. Es decir, es cómo nos comportamos en la relación con los demás, nosotros mismos, el trabajo, el dinero, el amor, etc. Por ejemplo, una persona con una clara tendencia a comer de manera compulsiva es posible que también compre ropa desde este determinado comportamiento. Otra persona quizás tendrá esta actitud más acentuada en cómo vive sus relaciones amorosas, por ejemplo. Muchas personas que tienen una adicción a la comida también tienen alguna otra adicción, como puede ser al tabaco, al alcohol, al trabajo o a cualquier cosa que le ayude a evadirse, o descomprimir, o silenciar un malestar, etc., dependiendo de “para qué” lo está haciendo. Es muy recurrente, entonces, que cuando dejamos una “droga”, un apego, una adicción, ya sea el azúcar, el tabaco o el alcohol, nos enganchemos más a otra droga si no se revisa el “para qué”, la finalidad, del comportamiento.

Una relación de conflicto con la comida, ya sea comer de manera compulsiva, la restricción de alimentos, contar calorías en exceso, vivir siguiendo una dieta toda la vida, etcétera, a menudo esconde una dualidad interna de la persona, que se manifiesta en una lucha constante entre el cuidarse vs autodestruirse, amarse vs no aceptarse, sentirse bella vs creer que nunca se es suficiente, etc. Una de las posibles causas de esta dualidad es la no interiorización de la figura del padre o la madre, es decir, la no aceptación de uno de ellos. En mi caso, por ejemplo, de pequeña tomé partido por uno de ellos, lo hice víctima y al otro culpable. Para mi, uno había hecho las cosas correctamente y el otro nos había hecho daño, así que rechacé cualquier aspecto de mi que pudiera ser parecido al “culpable” y no aceptaba ningún valor que éste pudiera tener. Sentía una dualidad interna que se manifestó en una dualidad, una lucha, entre querer vivir o no, entre querer comer o no, entre comer de forma compulsiva o parar, entre quererme o castigarme, entre sentirme víctima o culpable, etc.

Muchas veces ocurre que a lo largo de los años, y quizás durante los que más nos marcan es en la infancia, aprendemos por imitación comportamientos alrededor de la alimentación: premiarnos o castigarnos con algo que nos gusta, que cuando nos sintamos disgustados dejemos de comer o comamos alimentos dañinos, o que las alegrías de la vida se celebran con comidas, entre muchísimos otros comportamientos.

Así que llega un momento de nuestra vida en el que consciente o inconscientemente encontramos una finalidad en el hecho de comer con ansiedad. Pero esto cada uno de nosotros tenemos que hacer el trabajo de fijarnos en para qué lo estamos haciendo, en qué creemos que de una manera u otra nos está beneficiando. Repito, ¿puede que te ayude a evadirte? Buscas sentirte culpable? Necesitas mantenerte en el rol de víctima porque es el que crees que te hace mejor persona? Vives la vida de manera muy estresante y necesitas descomprimir como si la comida fuera una droga para liberarte? Crees que no eres lo suficiente para merecerte brillar y te autosaboteas comiendo demasiado para luego sentirte mal y a disgusto contigo misma? Deseas continuar siendo la “problemática” de la familia para que no cambien las cosas? Tienes miedo a no saber qué vas a hacer cuando hayas conseguido comer saludable y te sientas sana por dentro y bellísima por fuera?

Atrévete hoy, ahora, a anotar en un papel las respuestas a las siguientes preguntas “¿Para qué comes con ansiedad?, ¿Qué beneficios obtienes?, ¿Qué pasaría en positivo y en “negativo” si mañana mismo ya no te ocurriera más?, ¿Qué es lo mejor y lo peor que te ha aportado este comportamiento, y para qué tendría sentido continuar con él?

Sé honesta contigo misma y no te calles ni guardes nada para ti; escribe todo lo que te pase por la cabeza, por inverosímil que te parezca. Y, sobretodo, no te juzgues en tus respuestas, simplemente obsérvalas con curiosidad.

Por último quiero pedirte un favor. No pases por alto el ejercicio de responder porque la compulsividad en el acto de comer es sólo la consecuencia, el síntoma, de algo mucho más profundo y antiguo que te está dañando. La única manera de sanar y terminar con esta actitud frente la comida y la vida es dándote cuenta primero que hay una finalidad en ello que responde desde a unas creencias limitantes sobre uno mismo, un dolor, o alguna emoción mal digerida del pasado.

Un fuerte abrazo,

Nuria

Un comentario

  1. 6 junio, 2017
    Mar

    Nuria, hace tiempo que me hice ya estas preguntas que dices, y la respuesta es muy clara en mi caso: los atracones, la impulsividad con la comida es por evasión, ese momento en el que desconectas de la realidad, te relajas, y siempre es en soledad. Luego me siento culpable, cómo no. Pero vuelvo a repetirlo porque me hace sentir bien…aunque sea de forma momentánea. La cuestión es que tengo muy claro el porqué y el para qué, pero de ahí a dejar la adicción hay un paso enorme. No lo consigo, a pesar de sentirme mucho mejor a nivel físico y psicológico cuando no lo hago.No sé dónde está la clave y cómo resolverlo. ¿Fuerza de voluntad, autodeterminación, ayuda?
    Muchísimas gracias por tu blog y tus consejos. Te sigo desde hace tiempo y ahora estoy leyendo tu libro “Detox SEN”.. Ya te daré mi opinión cuando lo termine, pero por ahora me está encantando.

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