AUTOCONOCIMIENTO

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2017-12-28T08:34:04+00:00 26 septiembre 2016|

10 puntos clave para comer sin culpa

Uno de los grandes retos con el que tuve que lidiar durante toda mi infancia y adolescencia fue liberarme de la culpa entorno a lo que comía o no comía.

Me sentía culpable si había comido algo fuera del horario convencional de las comidas, si me había permitido algo un poco más calórico de lo habitual, si mi plato era más abundante que el de la persona que comiera junto a mi, si desayunaba en lugar de saltarme esta comida del día, si cenaba más tarde de lo aconsejable, si me sentía demasiado llena después de una comida -por no haber sido capaz de escoger otra cosa más ligera o parar de comer antes-, etc. Llegué incluso a sentirme culpable por cenar una manzana, castigándome por ello sin comer al día siguiente.

Sé que no todas las personas viven una relación tan conflictiva con la comida como me pasó a mi años atrás, pero en la consulta he podido observar que la mayoría de los clientes que acudían a mi para que les ayudara a adquirir unos hábitos más saludables también experimentaban a diario sentimientos de culpa entorno a la alimentación. Algunas personas se sienten culpables si comen carbohidratos, aunque sean cereales integrales; otras han demonizado las grasas y cuesta que acepten el aguacate como alimento saludable en su dieta; las clientas a quienes les gustan los dulces y el chocolate se culpabilizan cada vez que comen un poco, incluso siendo algún postre de buena calidad y de manera esporádica; también me he encontrado muchas personas que se sienten culpables por no aplicar todos los conocimientos que están adquiriendo a través de libros y lecturas; etc.

¿Qué ocurre entonces con el sentimiento de culpa?  

He explicado muchas veces que cómo nos relacionamos con la comida es cómo nos relacionamos con la vida. La mayoría de las personas que me cuentan que se sienten culpables por comer algún tipo de alimento o plato también lo sienten entorno a todos los otros aspectos de su vida. Es decir, funcionan mentalmente con el mecanismo de sentir culpabilidad frente a todo. He escuchado una y otra vez de sus bocas que se sienten culpables por no dedicar más tiempo a sus hijos, por llegar cansadas por la noche y no tener apetito sexual con su pareja, cuando algo que tienen planificado no les sale como ellas esperaban, cuando su pareja les reprocha algo incluso sin razón, por hablar mal a las personas que aman, por no contestar al teléfono o no tener ganas de hablar con alguien, por no cuidar lo suficiente a sus animales de compañía, por decirse cosas feas a si mismas y maltratarse emocionalmente, por compararse con otras personas, por procrastinar y dejar para el último momento cosas importantes, por no ir al gimnasio las veces que “deberían”, etc.

La clave para poder liberarse de la culpa en cualquier aspecto de nuestra vida es el autoconocimiento, el perdón y la aceptación. Saber quienes somos, aceptarlo, amarlo y respetarlo por encima de todo. Hay que ser valiente y sincero con uno mismo. Y finalmente, dejarnos en paz. Como es algo difícil de explicar, antes de darte los puntos clave para comer sin culpa te voy a poner un ejemplo de cómo me he enfrentado yo a uno de estos momentos.

Por ejemplo, si vas a comer fuera y te excedes con la cantidad o pides algo poco saludable cambia el sentimiento de culpa por observar con curiosidad cómo está tu digestión después de comer, cómo te sientes emocionalmente, qué tipo de pensamientos tienes, cómo duermes ese día, etc. Y no te limites a simplemente observarlo, anótalo también en un diario, una libreta, una nota de voz, un vídeo… Que te sirva para tomar conciencia y agradecer lo sucedido, ya que te ha permitido darte cuenta que cuando haces elecciones más saludables te sientes más radiante, más feliz, más ligera y todo fluye más fácil. No caigas en la trama de decirte solamente a ti misma que es la última vez que lo haces e intentar pasar página como si nada para tapar lo sucedido. Date cuenta de lo ocurrido pero sobretodo sin culpabilizarte ni quedarte encallada en pensar “porqué” ha sucedido, ya que hacerte esta pregunta sólo conseguirá hacerte sentir más culpable y no avanzar. Por el contrario, búscale una finalidad, que la tiene, y dale un sentido a lo ocurrido. La pregunta clave es “para qué”, no “porqué”.

10 puntos clave para comer sin culpa

  1. Autoconocimiento. Saber si nos gustan más los platos dulces o salados, darnos cuenta de cuando nos apetece comer alimentos crujientes, identificar nuestra constitución y necesidades metabólicas, si somos hedonistas en la comida o no, qué significado añadido le damos al acto de comer, etc. Hay muchas herramientas de autoconocimiento, desde terapias como la Gestalt o el psicoanálisis, la astrología psicológica, el coaching, la auto observación, el mindfulness, etc.
  2. Aceptación. Después de saber quienes somos y cómo nos relacionamos con la comida hay que aceptarlo. No tiene ningún sentido, por ejemplo, intentar esconder que somos amantes del chocolate y tratarlo como el alimento prohibido. Es mejor aceptarlo y así buscar las maneras de incorporarlo a la alimentación de manera saludable.
  3. Amarse lo que se es. No sólo basta con conocerse y aceptarse, hay que amarse a uno mismo, con nuestras luces y nuestras sombras, con lo más convencional y lo más raro o especial, por gustarnos las verduras y por tener una perdición por los helados, etc.
  4. Respetarse. A uno mismo y delante de los demás. Hay personas que esconden sus preferencias de alimentación frente a otras por miedo a que le juzguen, a que no le respeten, lo critiquen o lo rechacen. No tengas miedo a manifestar tus deseos, tus necesidades y tus preferencias. Si quieres que te respeten debes respetarte tu primero. No te sientas culpable por no querer comer un postre que no sea saludable por miedo a que te digan que estás obsesionada con la comida saludable, y tampoco te sientas culpable si un día te apetece comer algo que consideras que no es tan sano como lo que comes en tu día a día.
  5. Reprogramar y actualizar las creencias limitantes. Puede ser desde dejar de creer que si comes arroz integral, aguacate, legumbres o plátano vas a engordar, hasta dejar de pensar que si les dices a tus amigos que no quieres ir a cenar a un bar de fast food van a criticarte, dejar de querer salir contigo o hacerte el vacío.
  6. Relativizar. Nada es tan importante. Ahora imagina las veces en las que te has sentido culpable por haber comido algo, ¿te acuerdas de ellas? ¡Claro que no! Es que en tu vida hay cosas mucho más importantes que sentirte culpable por haberte comido una pizza deliciosa con tu pareja para celebrar vuestro primer aniversario.
  7. Poner en práctica la curiosidad. Dejar se sentirse culpable no ocurre de la noche al día. En realidad, es cuestión de práctica, aplicando la curiosidad cada vez que algo dispare tu sentimiento de culpa. Por ejemplo, si algún día comes algo que para ti no es saludable cambia el primer pensamiento que te venga a la cabeza de culpa por el siguiente: “Qué curioso que a pesar de que sé que esto me sienta mal hoy he querido comerlo. Voy a observar y anotar cómo me siento ahora, y simplemente me voy a dejar en paz porque no podía haber sido de otra manera. La vida lo que querido así, yo lo he atestiguado y estoy en paz con la finalidad de lo ocurrido. Aquí y ahora aprendo de ello, lo acepto, me amo, me respeto y me perdono.”
  8. Dejar de contar calorías. Se trata de dejar de ver los alimentos como simplemente altos o bajos en calorías, grasas, proteínas, etc. Por el contrario, sí se trata de centrarse en buscar alimentos realmente nutritivos, reales, naturales e integrales, que son los que se pueden comer con la tranquilidad de que no van a perjudicar nuestro cuerpo. No es lo mismo 100 gramos de un paquete de patatas fritas que las de una manzana, o tampoco es lo mismo las 0 calorías de un vaso de agua que las de uno de un refresco light.
  9. Cambiar el foco de importancia. Se trata de dejar de vernos a nosotras mismas como un peso, una talla o unas medidas. El foco, entonces, ya no está en querer perder o ganar peso o tener una talla o peso determinado, sino poner nuestra atención y objetivo en sentirnos bien, con unas digestiones correctas, de buen humor, con apetito por la vida y la comida y, en general, por estar sanas por dentro y, como consecuencia, bellas por fuera.
  10. Comer desde el amor y no desde el miedo. De esta manera no hay espacio para la culpa, porque si un día comemos un alimento menos saludable lo haremos igualmente desde el amor, sin estrés ni ansiedad, sabiendo que esa excepción no va a perjudicar nuestra salud ni nuestro peso porque simplemente es lo que es, una excepción que también nos merecemos y que nos ha apetecido en ese momento.

5 Comentarios

  1. 28 septiembre, 2016
    Sandra

    Moltes gràcies Núria per tot el que ens ensenyes, ens ajuda a canviar els nostres hàbits a uns més saludables i a superar-nos cada dia. No canviïs mai!!!

    • 21 octubre, 2016
      webmaster

      Hola Sandra,
      Moltíssimes gràcies per les teves paraules i per llegir-me.
      Una abraçada enorme,
      Nuria

  2. 3 octubre, 2016
    Laia

    Yo soy una de esas..de las que se siente culpable por comer patatas fritas o beber demasiada cerveza. Nunca me he he aceptado y siempre pienso en los que demás piensan o pensarán de mí. Soy de las que se pegan atracones y después no sabe que hacer. Siempre culpable y siempre castigandome. Y soy de las que nunca pide ayuda porqué piensa que va a salir de esta. Llevaré a cabo tus consejos

    • 21 octubre, 2016
      webmaster

      Hola Laia,
      Muchísimas gracias por compartir lo que te ocurre.
      Un fuertísimo abrazo,
      Nuria

  3. Hola, nunca me he preocupado mucho por la comida pero es verdad que los años no llegan solos y es mejor tener un estilo de vida saludable y comer sano para evitar molestias, para que el metabolismo actúe bien y para que se vean lo resultados de los entrenamientos de pilates, gimnasio, running, etc…porque me he dado cuenta que la alimentación es el 70% del resultado y el 30% el ejercicio…así que si quiero lucir mas fitness, debo ser mas consciente de mi alimentación para cumplir mis objetivos.

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