Tira la báscula a la basura ahora mismo

Hace unos meses que estoy muy conectada con mis recuerdos y mi pasado. Lo estoy reviviendo como si fuera ayer pero ya no lo hago desde el tormento y la culpa, sino desde el más profundo amor y compasión. La báscula me acompañó y mucho en esta época… ¿cómo?

El papel de la báscula en mi vida

Una de las obsesiones que me acompañó durante muchos años de mi vida era el peso. Aunque estaba delgada me pesaba continuamente de manera neurótica para asegurarme primero que cada vez pesaba menos, años más tarde para controlar que no engordaba demasiado e incluso más adelante por miedo a perder peso después de haber conseguido recuperarlo y mantenerlo. Me valoraba a mi misma por un número que me había metido en la cabeza que tenía que pesar, y tomaba decisiones sin piedad hacia mi misma con la finalidad de conseguir ese peso o no sobrepasar un número que me asustaba. Era otra de las “rutinas” autodestructivas que había generado para seguir viviendo desde el miedo y la culpa.

El peso, la báscula y yo

Me pesaba cada día, incluso varias veces, para comprobar si había aumentado o disminuido unos gramos, y en función de lo que dijera la báscula me permitía o no comer algo, o tomaba la decisión drástica de restringir aún más mi alimentación. Cuando me ingresaron en el hospital con 36 kilos porque no comía y estaba totalmente desnutrida, una de las cosas que me hacían allí era pesarme cada día para saber si había subido de peso. Me sentía una esclava de la báscula, porque no me gustaba la sensación de que valoraran mi recuperación en función de lo que ella marcara. Subía de peso porque allí me obligaban a comer, pero en absoluto significaba que yo era más feliz o que había aprendido a tratarme con amor y a quererme a mi misma.

Dejando la báscula

Con los años fui tomando consciencia de que el peso no es lo que realmente mide nuestro bienestar, y que conseguir un pesar un número determinado tampoco nos aporta felicidad. Si no nos queremos a nosotros mismos siempre encontraremos una excusa para que cuando hayamos llegado a ese peso queramos otro, nos obsesionemos también con querer cambiar otra parte de nuestro cuerpo y nos crearemos excusas para seguir diciéndonos o haciéndonos cosas autodestructivas.

Además, todos tenemos una constitución diferente. Nuestro cuerpo es nuestro templo, nuestro carruaje para toda la vida, y debemos cuidarlo y mimarlo, aunque a nuestros ojos sea “imperfecto”. Y con esto no quiero decirte que te aceptes de cualquier manera si has engordado por haber “maltratado” tu cuerpo anteriormente. Quiero decirte que no lo soluciones de nuevo desde el miedo en lugar del amor “maltratándolo” para perder peso o intentar mantener uno demasiado bajo para tu constitución. Y soy consciente de que uno de los grandes problemas de esta sociedad enferma es que nos muestran unos estándares físicos que distan mucho de lo que es un cuerpo saludable real, pero lo que no puede ser es que caigas en esa trampa y pierdas de vista que intentar perseguir esos estándares enfermizos nunca te van a hacer alcanzar tu bienestar.

Tu cuerpo es el que la vida ha querido que tuvieras, y lo debes cuidar desde dentro hacia fuera. Tu apariencia exterior es un reflejo de como está tu interior. Si en tu corazón no hay amor hacia ti y no sabes ver lo maravillosa que eres siempre buscarás fuera de ti y en la báscula el amor que no sabes darte.

La felicidad, el peso y la báscula

Ninguna de mis clientas me ha dicho nunca que es feliz cuando se pesa. ¡Ninguna! Y es por ese motivo que siempre les digo que tiren la báscula, que no se pesen y que ellas no son un número. La obsesión por el peso genera ansiedad, baja la autoestima, crea frustración y te hace seguir viviendo desde el miedo en lugar de hacerlo desde el amor.

Voy a compartir contigo cinco cosas para que en lugar de poner el foco en el peso, la báscula y las calorías lo pongas en cuidarte y disfrutar de salud, energía y nutrición: 

  1. Deja de buscar tus “defectos” para criticarlos. Céntrate en ver aquello que tienes que te gusta para dar las gracias por tener un cuerpo que te permite vivir y disfrutar de todas las cosas bonitas que te gustan.
  2. Cambia tu alimentación y deja de consumir falsos alimentos procesados, azúcares refinados y todos esos alimentos que en realidad no te nutren y no te aportan energía, salud, nutrición bienestar ni felicidad. En su lugar, aumenta el consumo de verduras de hoja verde en crudo, como por ejemplo en batidos y zumos verdes o ensaladas, ya que te ayudan a eliminar toxinas, alcalinizan el cuerpo y te aportan salud física, emocional, espiritual y mental.
  3. Lee las etiquetas de los productos pero no leas las calorías, hazlo para mirar qué tipo de ingredientes lleva, y si ves que no reconoces los nombres que hay en la lista no lo compres. Las calorías no son lo que debe importante, ya que un refresco light no tiene calorías pero no te aporta ningún beneficio. En cambio, los frutos secos son calóricos pero son saludables.
  4. Haz ejercicio físico con la motivación de sentirte bien física, emocional y mentalmente, pero no lo hagas con el simple objetivo de quemar calorías, “esculpir” tu cuerpo a tu antojo o a modo de compensación por los excesos de comida y, ni mucho menos, como un castigo.
  5. Dedica el tiempo que te ocupaba la obsesión por tu peso y la báscula al autoconocimiento, que es la clave de todo. Saber quien eres es lo que te permitirá aceptarte y, por lo tanto, amarte y decidir de una vez por todas que ¡la báscula va a la basura!

Disfruta del proceso y hazte un favor si realmente quieres ser feliz, dejarte en paz y conseguir tener un peso saludable: No te peses, no cuentes calorías y aprende a AMARTE.

2 respuestas

  1. Es verdad que a muchas personas les causa mucha infelicidad la báscula, y ponen su alegría en que les muestre un determinado número, cada vez más bajo. Es importante aprender a quererse mucho, intensamente, y que lo que diga la báscula tenga el significado justo.

    Un saludo!!

  2. Hola Mari,
    Si ves que alguna cosa te ocurre y no sabes exactamente qué es pero te está haciendo sentir mal puedes acudir a un terapeuta, psicólogo, coach especializado en estos temas…
    Un abrazo y Feliz Navidad,
    Nuria

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